En el coleccionismo de relojes, la tradición suele apuntar a los movimientos automáticos. Sin embargo, cuando se trata de la exploración espacial, la respuesta cambia drásticamente. En 1971, durante la misión Apolo 15, el astronauta Dave Scott hizo historia al llevar un cronógrafo Bulova en la superficie lunar. Hoy, en Joyerías Cánovas ponemos a prueba las 3 versiones de este legendario modelo, equipadas con el imbatible calibre de cuarzo de alta precisión (HPQ) a 262 kHz:
Bulova 96K111 (43,5mm): La reedición más fiel al tamaño histórico. Viene en un estuche especial con dos correas intercambiables (brazalete de acero y piel negra) y dial sin calendario.
Bulova 96B258 (45mm): Una presencia contundente en la muñeca con caja y brazalete de acero inoxidable, dial texturizado y ventana de calendario a las 4.
Bulova 96B251 (45mm): La versión de espíritu más aventurero, equipada con una caja de acero matizada, calendario y dos correas (piel negra y nylon tipo NATO).
Todos los modelos cuentan con cristal de zafiro antirreflejo y resistencia al agua de 50 metros. Frente al dilema del espacio, ¿te quedarías con la tradición mecánica o con la ultraprecisión de los 262 kHz?
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